miércoles, 11 de mayo de 2016

Adolescencia y psicoterapia

La pubertad y la adolescencia son etapas particulares en las cuales se viven desafíos y experiencias intensas. Es un tiempo de transición y de alternancia entre lo que fue y lo que será. En su tránsito se atraviesan “los avatares de los cambios corporales, de la reorganización edípica, de los procesos de separación- individuación, de restructuración identitaria…”[1], por ello se presenta como un momento de crisis vital y de posible vulnerabilidad.

En la clínica con adolescentes observamos entre los pacientes fenómenos de diversa complejidad: conductas de riesgo; consumo excesivo de alcohol y sustancias; la necesidad de realizarse marcas, tatuajes, perforaciones en diferentes lugares del cuerpo; trastornos alimentarios; cortes en la piel hasta provocar el sangrado. Estos son algunos de los sucesos que motivan la consulta por parte de la familia o la derivación de la escuela y que producen incertidumbre y preocupación, sobre todo cuando se tornan  conductas compulsivas y de autoagresión. Algunos jóvenes también solicitan por ellos mismos un espacio que los ayude a comprender por qué se ven impelidos a realizar esas acciones y buscan aliviar su padecimiento.

¿Qué nos insinúan sus acciones? Pueden tratarse de conductas pasajeras, propias de la crisis vital que se atraviesa, de los desprendimientos y perdidas que se duelan y del encuentro con lo novedoso, plagado de ansiedades e inquietudes. Pero en aquellos casos donde estas conductas se intensifican o no son aisladas, sino que se vuelven reiteradas e insistentes, pueden  dar cuenta de una mayor vulnerabilidad o de carencias en el modo de procesamiento psíquico. Es decir, en el modo de usar los recursos psíquicos y simbólicos frente a las tensiones vividas.
En general estos casos se dan en contextos de cierta disfuncionalidad en los vínculos entre padres e hijos. Observamos estilos de relación que se caracterizan por dos modalidades que parecen opuestas. Por un lado, modos de relación invasivas, sin respeto por la intimidad, la autonomía o la individuación de los adolescentes (proceso que debería acompañar el crecimiento desde muy temprano); y, por otro lado, pueden rastrearse vínculos con pautas de abandono y ausencia pero que cobran también un carácter excesivo para el desarrollo. Es decir, tanto por intrusión como por abandono, estas modalidades se traducen como excesivas para las posibilidades de procesamiento psíquico y simbólico. Las carencias resultantes se remontan en su origen a la relación primaria de la función materna, función de soporte ligada a la dependencia del recién nacido hacia un otro que le aporte alivio y satisfacción ante las necesidades vitales. Cuando dicha función es reiteradamente fallida genera cierto desamparo en el psiquismo, acotando su repertorio de posible elaboración y tramitación a la hora de ser requeridos. El vínculo primario es la base sobre la que se edifica la estructuración del psiquismo, bagaje con el cual se cuenta para atravesar el Edipo, por lo que resulta crucial para el desarrollo y posicionamiento subjetivo.

Una  paciente de 16 años admite que vomita por la sensación de culpa luego de haber “comido demás”, demuestra sentir rechazo por su imagen corporal que percibe con cierta distorsión ya que, a pesar de haber sido “rellenita”, no tiene sobrepeso. Como si ella fuera algo que se llena demás, culposa y compulsivamente, se vacía. Relata con dificultad reacciones que desconoce como propias, que vive como extrañas y hasta contradictorias: “ataques de nervios”, furias que la desbordan y que describe como “algo raro”, ya que no logra asociarlas con motivos que puedan generarlas. Escribe de modo irreversible a través de un tatuaje una frase que la alienta a ser fuerte. Recurre a cortes superficiales en la piel para calmarse, los oculta y los vive como acciones impulsivas en momentos de crisis. 
Estas manifestaciones de emergencia corporal son una recurrencia en cuanto a posibles fallas en la constitución narcisista durante el vínculo primario, que es facilitador de la función de sostén, contención, barrera antiestímulo, adecuada discriminación adentro/afuera del cuerpo, etc. Los cortes cuestionan esa diferenciación. ¿Qué hay dentro? ¿Cortarse para “dejar salir eso raro” o para experimentar esa discriminación sin metáforas? Por otro lado, ambos mecanismos (los cortes y el vómito), que no puedan considerarse síntomas propiamente dichos, aportan alivio ante una angustia masiva. Por esa misma característica de ser angustia automática y difusa (a diferencia de la señal de angustia) remiten a una instancia primitiva por la forma de derivar los impulsos, que apela a la descarga directa en el cuerpo sin tener posibilitada una adecuada tramitación mental y simbólica para la tensión en juego.

Dichas acciones, y las señaladas en varios casos con pacientes en la clínica actual, parecen ser  formas de experimentar la individuación y separación fallidas, modos de reconocer los límites y de apropiarse del cuerpo, de hacerse presentes y sentir su existencia, de hacer gráfico y visible el sufrimiento interno
En este sentido pensamos a estos pacientes, cuando los cuadros permanecen en una modalidad psíquica deficitaria, más cerca de los “trastornos narcisistas” que de las neurosis clásicas.
Decía que ambos mecanismos aportan alivio pero no satisfacción sustitutiva (por ello no son síntomas propiamente dichos en el sentido neurótico). Están más cerca de un procedimiento auto-calmante que de una solución de compromiso. El autor Claude Smadja plantea la doble función de los procedimientos auto-calmantes/ auto-excitantes  del Yo. En este sentido, el cortarse serviría también como visualización, como estímulo o excitación desde un masoquismo erógeno que hace sentir, reforzar, percibir adentro y afuera.
Estos mecanismos muestran que algo intenta ligarse o procesarse en lo pulsional, entre lo anímico y lo somático, en el límite, un malestar anímico que alivia su tensión en descarga somática.
“El término auto-calmante indica que el Yo es a la vez sujeto y objeto de estas técnicas que tienden a hacer volver la calma (…)  apelan a la motricidad y a la percepción. La utilización de estas medidas se hace siempre en un clima de urgencia, y están sometidas momentáneamente a una compulsión de repetición…”[2]. Esta descripción se ajusta casi perfectamente a lo que relata mi paciente. En un momento bisagra de su desarrollo, esta adolescente padece en la lucha por su intento de elaborar y trascender carencias primitivas para abrirse paso en el camino de su subjetivación.

Cuando se presentan este tipo de situaciones, más que prohibirlas o suprimirlas, habrá que abordarlas, escucharlas e interrogarlas y poder construir con el paciente un espacio de confianza para producir el texto ausente con las palabras que permitan entender lo que se transita y enriquecer su caudal simbólico.

Lic. Nora Spatola




[1] Texto: Anorexia- Bulimia ¿un cuerpo deshabitado? Lic. Calabuig, Lic. Campos y Lic. Muiño.
[2] Claude Samdja. A propósito de los procedimientos autocalmantes del Yo.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Temas de Crianza

PARA CRECER
De la dependencia vital a la independencia vital.

A medida que pasa el tiempo el vínculo de apego madre/hijo y la dependencia del bebé de la primera etapa, se irá transformando junto a los aprendizajes, la confianza, los errores, los logros, la comunicación, hacia grados crecientes de autonomía que dará el “despegue” del cuerpo materno. Permitiendo así que la mamá pueda dejar que el hijo explore, conozca, domine las dificultades desde su despliegue corporal y pueda ampliar la relación con lo que lo rodea. Es esencial el rol que cumple el papá en todo esto, en el primer tiempo para acompañar y sostener la díada madre – hijo, y más tarde para ayudar a establecer el corte de la simbiosis y facilitar el desprendimiento y la diferenciación en las relaciones madre/ padre – hijo y pareja. Para los niños, entonces, el mundo se amplía con los objetos, los juguetes, las personas que frecuenten el ámbito familiar. Y es deseable que esto suceda, paso a paso, hacia la construcción de una independencia vital como parte del crecimiento. 

Texto publicado en el cuadernillo "Temas de Crianza" para madres y padres adolescentes y/o primerizos, de Asoc. Civil La Causa


lunes, 24 de febrero de 2014

“Lo tuyo es psicosomático”

Algunas enfermedades quedan en una frontera difusa entre la medicina y la psicología.  Más aún cuando lo que ocurre físicamente no tiene un diagnóstico preciso o parece no tener una causa orgánica patológica o cuando la dolencia queda referida a ciertas situaciones en las que se dice estar “provocándolo psicológicamente”.  ¿Qué se podría aportar al respecto, con una síntesis condensada e incompleta, desde un punto de vista psicoanalítico?

Al atravesar momentos particulares como crisis vitales, accidentes, pérdidas, excesos,  irrupciones que pueden equivaler a efectos traumáticos, puede aparecer una emergencia dramática del cuerpo, y esto ocurre porque no pudo darse un procesamiento psíquico a dicha irrupción. Por ejemplo, puede surgir una crisis de angustia, más conocida como “ataque de pánico”, donde hay una serie de síntomas físicos como la sudoración, taquicardia, falta de aire, mareos, temblores, etc; o, en otros casos, puede ir gestándose una enfermedad autoinmune.
Los trastornos psicosomáticos pueden desencadenarse fruto de una situación traumática novedosa o ante circunstancias que reactivan viejos traumas y desnudan carencias de la constitución psíquica. El efecto excesivo del trauma provoca un desborde de las defensas que utiliza habitualmente el psiquismo, dejando al descubierto un cierto desamparo con regresiones a recursos defensivos arcaicos, apareciendo como reacción primitiva la descarga directa en el cuerpo en el intento de aliviar la intensidad invasiva del trauma. Este modo de defensa difiere del que se encuentra en el campo de las neurosis en general.

En las neurosis, el síntoma se caracteriza por significar una “solución de compromiso” para evitar el conflicto entre fuerzas opuestas, por ejemplo entre las pulsiones y las alianzas del yo, o entre la conciencia moral, los mandatos y los deseos. Entre lo prohibido y lo permitido. El origen conflictivo en las neurosis se remite a la etapa de atravesamiento del complejo de Edipo donde se instauran la terceridad y la ley. Los síntomas se presentan con el intento de dar un paso más allá de la dicotomía, ante la dificultad para superar el conflicto y admitir la ambivalencia afectiva o la contradicción. En su formación, por medio de la Represión se sofoca un deseo para evitar pérdidas mayores (para no perder el amor del objeto se renuncia a su satisfacción que pasa a ser prohibida). Los síntomas neuróticos se expresan (como satisfacción sustitutiva) deteniendo el tránsito en la bisagra de ese pasaje. Las tensiones no logran procesarse y el síntoma lo pone en evidencia en forma traspuesta. Se manifiestan inhibiciones, fobias, obsesiones, compulsiones, etc. que involucran el cuerpo de algún modo. En el proceso analítico los síntomas pueden indagarse y llegar a desactivarse al ser develados e interpretados, reconstruyendo el sentido traspuesto, dando elaboración simbólica representacional al contenido traumático, cualificando la cantidad.  Y el desafío será encontrar caminos de construcción de libertad donde recrear deseos y respuestas más allá de lo prohibido, en relación con un otro.

En cambio, en los bordes de la neurosis, la somatización surge ante situaciones para las cuales se carece de una elaboración psíquica, con falta de tramitación desde lo psicológico que ayude a dar sentido y que pueda favorecer otras respuestas o un procesamiento por vía mental, usando el pensamiento, las palabras, las emociones, el sentimiento, las representaciones, la memoria, o defendiéndose con los mecanismos de formación de síntomas descriptos.

Al hablar de emociones y sentimientos también se alude al cuerpo, el cuerpo con sus vivencias, su registro, sus sensaciones, sus diferencias, su historia, sus placeres, sus dolores, por ello, más precisamente, en las enfermedades psicosomáticas emerge el organismo. Y con él, algo que no logra articularse con la propia historia, que no puede asociarse, pensarse ni nombrarse. Algo desligado, algo escindido (escisión, mecanismo de defensa primario) que retorna como extraño en el cuerpo.

Con todo esto, muchas son las discusiones acerca de qué se puede hacer a través de la psicoterapia y el psicoanálisis, si es que no hay Palabras con las que se pueda trabajar. Hay posturas diversas y extremas, quienes sostienen que un paciente psicosomático es “inanalizable” y quienes apuestan al trabajo y lo enriquecen con desarrollos teóricos vinculados a esta clínica.
Entre estos últimos (no sin divergencias) se acuerda con que, si bien no se habla de los fenómenos psicosomáticos como parte de una estructura psíquica diferencial y, como refería anteriormente, una somatización puede sucederle a cualquiera en quien se vea vulnerado su equilibrio psicosomático, sí se coincide en una “predisposición” o características predominantes del funcionamiento mental en quienes padecen trastornos psicosomáticos notorios.  

Al distinguir algunas características de dicha predominancia se plantea que generalmente son personas que llegan a la consulta psicológica derivados por los médicos ante la emergencia de los síntomas, sin establecer conexiones entre su biografía y lo que padecen; en quienes se dan ciertas situaciones de riesgo y vulnerabilidad referidos a la falta de registro del agotamiento físico, del cansancio, falta de esparcimiento y sobre-exigencias de todo tipo (laborales; de imagen corporal; de consumo de sustancias, alimentos y/o productos); sobre-adaptaciones a las mismas exigencias; poco desarrollo de la fantasía o hiperrealismo; pobreza en la articulación verbal para describir sus estados; distorsiones perceptivas y semánticas; entre otras características. Presentan ansiedades con premuras de satisfacciones inmediatas, intentando cumplir con una imagen de un “yo ideal” omnipotente. Rastreándose además vínculos en donde la función materna fue “intrusiva” en algunos casos y “abandónica” en otros. Y la función paterna tuvo un carácter “ausente”. Resultando por ello insuficientes en el acompañamiento del desarrollo de la individuación subjetiva además de condicionar el futuro de las relaciones afectivas.

Se habla de una carencia en la constitución del psiquismo temprano (previo al atravesamiento del complejo de Edipo), un déficit en la vinculación primaria que determina los cimientos del psiquismo y cuyas fallas sostenidas y reiteradas producen marcas o vacíos con carácter de trauma. Con esto se remite al vínculo con el objeto primordial, la relación madre-hijo (la madre o quien ocupe esa función), ya que en esas primeras instancias el otro cuidador funciona como “barrera protectora anti-estímulos” ayudando al bebé a procesar aquello que proviene tanto del interior de su organismo como del exterior, y a lo cual, por su inmadurez o desvalimiento natural, no puede hacer frente, por lo que depende en forma vital de la acción de otro que pueda aliviar sus tensiones.
Toda esta labor, el inter-juego de tensión y alivio, de placer y displacer, de frustración y satisfacción, de tiempos y espacios entre una necesidad y su saciedad, es lo que va tejiendo el entramado mental desde las vivencias corporales y sus huellas mnémicas (las experiencias y sus inscripciones), sus ligaduras y las representaciones a que van dando lugar psíquicamente. Estas son las bases sobre las que va creciendo el desarrollo integral (biopsicosocial) que constituyen los pilares del sostén simbólico.
Por ello, cuando nos encontramos ante un hecho traumático, ya sea novedoso o reactivo, que trasvasa el armado psíquico-representacional, es que pueden emerger manifestaciones somáticas. Y éstas son más preponderantes en quienes hayan tenido  carencias durante la constitución de su narcisismo (entendido como el recorrido libidinal en dicha etapa temprana desde el autoerotismo hacia el desarrollo psicoafectivo del Yo). Aunque los vínculos prosperen o se redefinan a lo largo de la vida, la carencia primitiva de sostén relacional genera vacíos que un yo frágil rellena como puede.

Volviendo al anterior planteo, desde la psicoterapia psicoanalítica justamente se puede trabajar para recrear el entramado representacional carente. Ayudando a preguntar, a nombrar, a asociar, a articular, a ligar, a refundar algo que posibilite reintegrar el psique-soma. Desde el vínculo terapéutico filtrando un poco luz en zonas oscuras, abriendo espacios de intercambio, matizando, desarmando y reconstruyendo, recreando y creando en la labor analítica.

                    Lic. Nora Spatola 
Directora de Asociación Civil La Causa

                                 

miércoles, 12 de febrero de 2014

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sábado, 24 de agosto de 2013

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lunes, 10 de diciembre de 2012

Festejo por los 10 años de La Causa!


 Con mucho agrado los invitamos el sábado 15 de diciembre desde las 18hs al evento del 10º aniversario de La Causa, cierre del año, muestra del taller Abanico y exposición de artes plásticas, los esperamos para compartir un encuentro y el brindis!!

Dibujos y pinturas.
Mariana Casas
Luis Colucci

Arte-Terapia
Nahuel Martinez
Lucía Orlandini
Adriana Racca
taller de Marta Hendler

Muestra “10 años, retrospectiva de La Causa"

Muestra de Arte & Música (18.30hs)
“Taller de niños Abanico”

Buffet de ricas comidas y bebidas

Brindis aniversario (20hs)

martes, 30 de octubre de 2012

“Orientación Vocacional”, derribando mitos…


Artículo publicado en el periódico n°1 de La Causa.
¿Qué es la Orientación Vocacional?
Es la ayuda o asesoramiento que brinda un profesional (Psicólogo, Psicopedagogo, etc.) a una persona en relación a su proyecto de vida futuro, personal, laboral y/o de estudio.
¿A quiénes está dirigida esta ayuda?
La asistencia puede estar dirigida a cualquier persona que la solicite, cualquiera sea su edad, sexo, ocupación, religión, condición social, etc. Es un proceso que puede requerirse en cualquier momento de la vida del individuo, ya que en los distintos ciclos vitales (pubertad, adolescencia, juventud, adultez y vejez) se dan momentos en que los proyectos de educación y/o trabajo entran en crisis. 
¿Cuáles son los motivos de consulta más frecuentes?
Es muy común que los adolescentes consulten al finalizar sus estudios secundarios, momento en el que comienzan a enfrentarse con nuevos desafíos y deben insertarse en el mundo adulto. Muchas son las dudas que los aquejan: qué carrera seguir, cómo lidiar con los “mandatos familiares”, dónde estudiar, cómo buscar trabajo, etc. Otros jóvenes comienzan un estudio sintiéndose muy entusiasmados, pero luego, por diversos motivos, piensan en abandonar o cambiarse de carrera. Estos casos de consulta son también muy comunes y los chicos se muestran angustiados y preocupados, con la sensación de haber “perdido el tiempo”. Si bien no es tan frecuente, los adultos también recurren al orientador. Son por lo general personas que desean retomar o comenzar algún estudio postergado o profesionales ya recibidos que desean re-orientar su carrera o seguir desarrollándose en un área más específica que deben decidir. También se reciben consultas de adultos mayores en el momento posterior a su jubilación. En estos casos, el proceso de orientación los ayuda a re-conectarse con intereses pasados o descubrir nuevos.
¿Por qué siempre se relaciona la Orientación Vocacional con los “tests”?
La Orientación Vocacional se desarrolla luego de la revolución industrial de fines del SXIX. La tarea del psicólogo consistía en conocer las aptitudes de un individuo y reconocer la profesión y/u ocupación que mejor se ajustara a dichas aptitudes. Para ello se utilizaban instrumentos de diagnóstico, “tests”. Esa profesión u ocupación que le era asignada se pensaba “para toda la vida”, el sujeto era considerado siempre idéntico a sí mismo, sin posibilidades de cambio. Hoy en día, los orientadores han transformado sus metas.
¿Cuál es el objetivo de la Orientación Vocacional en la actualidad?
La finalidad de la Orientación no se limita a la elección de una carrera. El objetivo es que la persona sea capaz de construir un proyecto de vida, la carrera debe articularse con el resto de las áreas que conforman la vida de la persona. Planificar a futuro no implica que el proyecto sea único y definitivo. Por el contrario, la planificación es contínua y sucesivas modificaciones se harán necesarias durante toda la vida. La presencia de transiciones vitales es normal y no patológica.  

La Orientación ya no se concibe como la opinión experta que emite el profesional basándose en los famosos “tests”, que muchas veces conducen a esquemas estereotipados. Es más fácil y cómodo esperar que las respuestas a las propias incertidumbres provengan del orientador o del resultado de pruebas, es decir, del afuera. Pero las elecciones genuinas nacen de un mayor conocimiento del sí mismo, de los gustos e intereses, que deberán ser respetados sin excepción,  y de las propias posibilidades y recursos. El orientador ayuda a que sea la misma persona la que construya su proyecto. Hacia allí apunta un trabajo profesional ético. Si la meta del orientador es emancipadora sus intervenciones tendrán como finalidad ayudar al sujeto a tomar conciencia de los modelos y las normas dominantes de su cultura, a ponerlos en perspectiva y fomentar su espíritu crítico. 
Lic. Luciana Toffanin.
M.N. 39217