sábado, 23 de mayo de 2020

DE LAS CUARENTENAS

Imágen Luis Colucci, acrílico sobre cartón.
Quedó atrás aquel ímpetu por aprovechar el tiempo en casa, como ilusión de no perderlo o como desafío para transitarlo, de acuerdo a cómo nos acompañaran la disponibilidad de los espacios y el estado de ánimo.

Pasamos por diferentes sensaciones, desde el adentro forzado al afuera ahora temido en tanto riesgo difuso.
La  angustia se fue tornando en calma y costumbre; o tal vez en ansiedad o en abulia; y el encierro, en refugio y éste, en lejanía.
Cada cual lo vive, siente y transita desde su base que lo sostiene, con sus recursos e historia. Pero ahora aquí estamos todos. El mundo y cada uno y el mundo. Extraña soledad compartida.

Lo más difícil: la ausencia de encuentros reales; la falta de contacto corporal con las personas estrechas; el no saber hasta cuándo o el cómo nos reencontraremos... El temor de que eso tan deseado ahora signifique un peligro, de que parte de lo que somos quede atrapado en este limbo. 

Adentro, instalados en este adentro, paradójicamente, hay que hacerse del lugar propio, recortarlo, reservarlo, recrearlo y, si fuera posible, redescubrirlo para percibir ese sí mismo heterogéneo, y evitar perdernos en el estar continuo. ¿Cómo salimos?
Lo incierto en crudo ante nuestras fragilidades.

¿Cómo abrirse paso rasgando los velos que se vuelven densas cortinas? ¿Cómo resguardar los vínculos? ¿Cómo expresar amor? ¿Cómo calmar las ansias? ¿Cómo contener? ¿Cómo ser?
Lo que en parte nos forja está suspendido, lo que nos puede dar satisfacción, congelado.

Tal vez nos acompañe poder medir mejor cuánto. ¿Con cuánto alcanza? Poder sentir la tranquilidad suficiente, aún sin garantías, de que el cuidado cuide y que pueda cesar algo del abismo que acecha.
Al modo de la infancia que juega, poder hacer del monstruo un monigote que pierde su eficacia de pánico. 

Que la idea de excepcionalidad transitoria nos dé consuelo y confianza de poder volver a ser y hacer lo que nos enriquece y define.
Que podamos llorar, llorar, por lo cancelado, quizás no del todo perdido, o sí.

Que la libertad nos reconquiste, que la impulsividad venga a nuestro rescate, sin perder la vigilia. 
Que la ilusión le devuelva a la invisible capa protectora su poder omnipotente, cuando podemos sentir, en ese instante de inconciencia, la felicidad de la vida. 
Lic. Nora Spatola


domingo, 15 de marzo de 2020

Pandemia, reflexión desde una mirada psiconalítica

Imágen Luis Colucci, Obelisco 3, acrílico sobre cartón.
Dada la conmoción general en este momento de incertidumbre y preocupación ante la situación de la pandemia, es importante reflexionar al respecto y reforzar la concientización de los cuidados y medidas de prevención difundidas oficialmente para disminuir la propagación viral. Pero para ello también  es necesario evitar la desmesura que puede producir pánico o reacciones contraproducentes. 
El desconcierto que se vive (con aires de fantasmas apocalípticos) incrementa las tensiones y nos hace más permeables a la vivencia de angustia, las ansiedades o las obsesiones compulsivas. Es preciso comprender que, en esta ocasión, lo personal o lo particular queda excedido pero no por ello nos desreponsabiliza sino que, al contrario, nuestro modo de acción incide enormemente. Los eventos de similar magnitud ponen a prueba y desafían nuestras capacidades de afrontamiento.

El efecto de lo traumático

Desde el foco psicoanalítico, el temor excesivo, la idea de muerte que amenaza, el riesgo de lo real,  son la alarma que activa la sensación de indefensión y primitivos desamparos de la constitución psíquica. El trauma  excede a las capacidades de recursos subjetivos con los que cuenta cada bagaje psíquico hasta el momento.
Las situaciones de alta intensidad que nos vulneran se escapan a aquello que nos identifica en la singularidad de cada historia y la supera, nos deja inermes, tal como sucede en situaciones extremas como guerras, catástrofes naturales, accidentes graves,  violencias, dictaduras, epidemias, desastres que tienen efecto y consecuencia de arrasamiento material, físico, simbólico y psíquico, experiencias que requerirán de procesamiento psicológico para conseguir elaborar lo traumático.
Dicho esto, es claro que el atravesamiento o la transformación de la experiencia luego fortalece la persona y permite que se produzcan resiliencias vitales.

Hoy se solicita tomar distancia, evitar contacto corporal, suspender actividades sociales, aislarse, con lo que se incrementa la sensación de soledad y desamparo que afecta a diferentes trastornos psicológicos, limitando la contención afectiva que habitualmente promovemos como factor esencial para la salud mental.
Ante este escenario, bien vale el recurso de usar la tecnología para mantenernos comunicados y acompañarnos; desempolvar libros o músicas; redescubrir intereses de lo propio. También se abre la oportunidad de pensar/se y hacer un registro consciente del cuidado preventivo.

El fenómeno que nos invade desorganiza nuestras pautas de vida cotidiana, nos desestabiliza y vulnera, por lo cual se requerirá de la cohesión colectiva junto a  las decisiones razonables que nos amparen ante lo que irrumpe masivamente.

La alarma, al ser global, nos vuelve parte y testigos de un fenómeno inédito, extraño pero compartido social y mundialmente, lo que puede brindar consuelo a la espera de una solución. Para que, más temprano que tarde, el Coronavirus pase a ser una anécdota curiosa y se recuperen la libre circulación, la aventura de viajar, el disfrute de la cultura y la riqueza de los encuentros.

Lic Nora Spatola
Asociación Civil La Causa

sábado, 9 de noviembre de 2019

Abordaje de conductas compulsivas en la adolescencia

La pubertad y la adolescencia son etapas particulares en las cuales se viven desafíos y experiencias novedosas. Es un tiempo de transición y de alternancia entre lo que fue y lo que será; período de sensaciones contrapuestas, con estados de aparente pasividad y otros de gran actividad; de cambios en el cuerpo junto a rituales de iniciación. Etapa de reedición edípica, de derrumbe de idealizaciones a la vez que formación de identidad. Tiempo revolucionario y de construcción. Por todo ello se presenta como un momento intenso, de crisis vital y de posible vulnerabilidad.

En la clínica con adolescentes observamos entre los pacientes fenómenos de diversa complejidad que motivan la consulta: cuestionamientos existenciales,  conductas de riesgo; consumo excesivo de alcohol y sustancias; trastornos alimentarios; la necesidad de realizarse marcas, tatuajes, perforaciones en diferentes lugares del cuerpo;  cortes en la piel hasta provocar el sangrado. Hechos que producen incertidumbre y preocupación, sobre todo cuando se tornan  conductas compulsivas y de autoagresión.
¿Qué nos insinúan sus acciones? Pueden tratarse de conductas pasajeras, experiencias propias de la etapa que se atraviesa, de la necesidad de pertenencia, de los desprendimientos y perdidas que se duelan y del encuentro con lo novedoso, plagado de ansiedades e inquietudes. Pero en aquellos casos donde estas conductas se vuelven reiteradas e insistentes, pueden  dar cuenta de una mayor vulnerabilidad o de carencias en el modo de procesamiento psíquico. Es decir, en el modo en como se disponen los recursos psíquicos y simbólicos frente a las tensiones vividas.
En general estos casos se dan en contextos de cierta disfuncionalidad en los vínculos entre padres e hijos. Observamos estilos de relación parental que se caracterizan por dos modalidades que parecen opuestas. Por un lado, modos de relación invasivas, sin respeto por la intimidad, la autonomía o la individuación y, por otro lado, pueden rastrearse vínculos con pautas de abandono y ausencia pero que cobran también un carácter excesivo para el desarrollo. Es decir, tanto por intrusión como por abandono, estas modalidades se traducen como excesivas para las posibilidades de procesamiento psíquico y simbólico. 

Una  paciente de 16 años admite que vomita por la sensación de culpa luego de haber “comido demás”, como si ella fuera algo que se llena y, culposa y compulsivamente, se vacía. Demuestra sentir rechazo por su imagen corporal que percibe con cierta distorsión. Relata con dificultad reacciones propias que le resultan extrañas: “ataques de nervios” y furias que la desbordan. Describe esas reacciones como “algo raro”, ya que no logra asociarlas con motivos que puedan generarlas. Recurre a cortes superficiales en la piel, los oculta, los vive como acciones impulsivas en momentos de crisis,  lo hace para calmarse.

Los cortes en la piel parecen cuestionar la diferenciación adentro-afuera del cuerpo (límite que se construye en la etapa primaria del desarrollo) ¿Qué hay dentro? ¿Cortarse para “dejar salir eso raro” o para experimentar esa discriminación sin metáforas? Por otro lado, ambos mecanismos, en este caso, los cortes y el vómito, no pueden considerarse síntomas en el sentido neurótico, ya que no representan una transacción del conflicto, no hay un sentido oculto en ellos, sino más bien un mecanismo de alivio ante una angustia masiva.
Es esa característica de la angustia masiva, automática y difusa (a diferencia de la señal de angustia) la que remite a una instancia primitiva por la forma de derivar los impulsos, forma primitiva en cuanto a que apela a la descarga directa en el cuerpo sin tener posibilitada aún una adecuada tramitación mental y simbólica para la tensión en juego. Ello se remonta al modo de relación del vínculo primario y de la función materna/paterna, función de soporte y contención ligada a la dependencia del recién nacido hacia un otro que le aporte alivio y satisfacción ante las necesidades vitales. Cuando dicha función es reiteradamente fallida genera cierto desamparo en el psiquismo, acotando su repertorio de posible elaboración y tramitación a la hora de ser requeridos.
Dichas acciones o mecanismos de alivio, y las señaladas en varios casos con pacientes en la clínica actual, parecen ser  formas de experimentar la individuación y separación fallidas, modos de reconocer los límites y de apropiarse del cuerpo, de hacerse presentes y de sentir su existencia, de hacer gráfico y visible el sufrimiento interno. Intentos de ligar o de procesar un malestar anímico que alivia su tensión en descarga somática (al modo de la pulsión, entre lo anímico y lo somático).

En momentos “bisagra” del desarrollo subjetivo, cuando se presentan este tipo de situaciones, en lugar de prohibirlas o suprimirlas, habrá que abordarlas, escucharlas e interrogarlas y poder construir con el paciente un espacio de confianza para producir el texto ausente con las palabras que le permitan entender lo que se transita y enriquecer su caudal simbólico.
Lic. Nora Spatola
Psicóloga UBA

domingo, 30 de junio de 2019

¿Cuándo realizar una consulta Psicológica?


En referencia a la atención de jóvenes y adultos

Diferentes situaciones suscitan que una persona decida iniciar un tratamiento psicológico, especialmente ante situaciones que resultan desbordantes frente a las cuales se carece de recursos psíquicos y anímicos con los cuales dar respuesta y que generan confusión y angustia. 
Ante conflictivas familiares y conyugales, presiones laborales, crisis vitales como pérdidas, separaciones, nacimientos y cambios bruscos de rutinas, se conmueve el equilibrio de sostén psíquico y/o afectivo. En ocasiones especiales, o cuando además se agregan antecedentes de cierta fragilidad, esas situaciones pueden provocar alteraciones anímicas dignas de consulta. Asimismo, dicha alteración puede entrar en conexión con antiguos traumas o conflictos que no han tenido una resolución adecuada, produciendo ahora “soluciones” sintomáticas o propiciando la emergencia de trastornos psicológicos latentes.
En algunos casos, el estado de vulnerabilidad expone al cuerpo, que da las señales enfermando, o alterando ritmos vitales (del sueño, el apetito, volitivos) y, en otros casos, se manifiestan crisis y síntomas de angustia o ansiedad, entre otros. En cualquiera de estos casos, la indicación adecuada para atender la salud psicológica es el inicio de una terapia.

También se acude a la consulta a la hora de tomar decisiones o elecciones relevantes que pueden verse dificultadas por diversas razones. Arriesgar, poder elegir, ganar o perder, puede estar impedido por exigencias propias o ajenas, contextos sociales, mandatos familiares, estancamientos, abulias, etc. que complican la toma de decisión. Dicha dilación podría ocasionar trastornos futuros. En este sentido, la reflexión y el análisis de las situaciones y de la historia personal ayudan a despejar el enredo y favorecen el cambio de posición. 

La experiencia psicoterapéutica sirve para “abrir la cabeza” pero también para ligarnos al cuerpo, superar dicotomías, encontrar obstáculos neuróticos, destrabar y accionar, salir de la comodidad, mejorar los vínculos, ser libres y orientar el deseo o dejar que él nos oriente y, desde su rastro, imprimir marcas propias.

• ¿Cómo trabajamos desde La Causa en la atención individual? 

Ofrecemos atención sin demora de turnos con arancel institucional. Se acuerda una entrevista de admisión para escuchar el motivo de consulta y derivar al colega pertinente. No se pauta un tiempo límite de tratamiento de modo que cada caso particular puede ser abordado en forma adecuada, dando lugar a los interrogantes que propicien al análisis de los conflictos padecidos. Por otra parte, se proponen plazos acotados de trabajo para resolver urgencias o de acuerdo a la demanda recibida.
Ante una demanda de atención que desborda los servicios de psicopatología de nuestros hospitales públicos, ante la limitada cobertura de las obras sociales y lo oneroso de la atención privada, creemos aportar desde La Causa una opción intermedia, accesible e inmediata de acceso a la atención. 


Lic. Nora C. Spatola
Psicóloga UBA

lunes, 15 de abril de 2019

Temas de Crianza y Cuidados Cotidianos

¿Por qué es importante el vínculo madre/hijo en el comienzo de la vida?
El ser humano nace inmaduro y por ello dependiente de otro ser humano para poder sobrevivir. El bebé necesita ser alimentado, necesita que le pongan la teta (o mamadera) en la boca para que su reflejo de succión actúe. Pero además, no le basta con eso, también necesita afecto para sobrevivir, esto se ha comprobado en los casos conocidos como “hospitalismo” donde los bebés abandonados en hospitales mueren por la falta de alguien que los sostenga desde el contacto piel a piel, la mirada y/o la palabra. Así mismo, esto explica porqué se vuelve tan intenso y exclusivo el vínculo madre- hijo, ya que es a través del cuerpo de la mamá que el bebé encuentra alivio y amparo ante las tensiones vitales. En resumen, somos seres dependientes de la presencia de otra persona y de su amor. Por ello se destaca la importancia del vínculo en la etapa llamada primaria o primordial, en la que se establecen las bases para el desarrollo psíquico, físico y emocional.


Lic. Nora Spatola
Del cuadernillo "Temas de Crianza" de Asoc. Civil La Causa

lunes, 26 de febrero de 2018

LOS LÍMITES lograr un Equilibrio entre el Permitir y el Prohibir.


¿Cómo creamos un encuadre seguro y estable con nuestros hijos?
texto publicado en el cuadernillo "Temas de Crianza" de Asoc. Civil La Causa

El  “poner límites” es una función clave que mamá y papá deben cumplir y es cierto que lleva mucho esfuerzo. Pero es importante tener en cuenta que es un trabajo que se realiza por amor, ya que se trata de dar cuidado y de un tiempo que se dedica a explicar el por qué No o por qué Sí de una situación y escuchar también las razones o el deseo del niño ante lo que debemos dar respuesta.
La incorporación y aceptación de límites son esenciales para el crecimiento, tendrán relación con la aceptación de normas de convivencia, con la distinción entre la realidad y la fantasía, con el control de los impulsos, la construcción de la autonomía a partir de la confianza y la autorregulación. La autorregulación se va logrando como un aprendizaje fruto de la experimentación de los niños con el ambiente y los objetos que los rodean. Gracias a ello conseguirán reconocer lo que pueden hacer o hasta dónde llegar o detenerse de acuerdo a sus posibilidades o riesgos. Y precisamente esto se da dentro de un marco o borde que los padres o adultos deben delimitar.

El límite, con qué o hasta dónde se puede y con qué no, es un límite que enseña, cuida y contiene. No sólo se prohíbe, también se permite y se habilita un  marco de exploración dentro del cual los bebés o niños podrán estar seguros y actuar con tranquilidad.

Ubicar un Límite y Castigar ¿Es lo mismo?
No, poner límites no es igual a castigar, en todo caso la sanción negativa del castigo llegará si no se respetó un límite previamente indicado.
Sugerencias a tener en cuenta:
Ubicar siempre cuál es el contexto donde se esta delimitando lo permitido y lo prohibido.
¿Es igual Sancionar que Castigar? La sanción puede ser positiva e indicar algo valorado y permitido o incluso estimulando posibles aprendizajes.
Es importante dar pautas claras e indicios que ayuden a establecer las diferencias entre lo prohibido y lo permitido, de modo que los niños sepan cuándo pasan un límite.
Indicios: “Recompensas” (Sonrisa, aliento, gestos aprobatorios  y estimulantes) y “Castigos”    (Reto, miradas, el retiro de un objeto querido).
Las sanciones deben guardar relación con el acto cometido por el niño, de forma que se entienda lo sucedido y que no haya exageraciones.
Como adultos es importante poder reconocer cuándo se castiga para sancionar o enseñar y cuándo se trata de descargar un enojo propio.
Reconocer cuándo se lo premia o se le da lo que pide para mostrar el camino adecuado y cuándo se trata de dar el “premio” para resolver un capricho o como modo de “soborno”.
Tener en cuenta el enseñar los peligros que encierran ciertas acciones en lugar de prohibirlas arbitrariamente.
Todo proceso de aprendizaje y toda comprensión implica tiempo.
Los bebés y niños pequeños no pueden controlar sus emociones fuertes, siempre dependen, en tanto bebés, de los adultos y de regulaciones externas hasta lograr la autorregulación.

Los límites y advertencias se ponen con palabras, con miradas, gestos, teniendo siempre presente la diferencia y asimetría física y emocional entre los niños y los adultos. Para poner un límite  alcanza con la firmeza de la decisión y la palabra clara, sin necesidad de usar la agresividad física. Lo que se enseña con violencia repercute negativamente en el vínculo y en general afecta el aprendizaje y nunca da los resultados esperados.

Confianza + Afecto + Respeto + Seguridadpermiten a los niños desarrollar la capacidad de autorregulación y autonomía. Enseñar es ofrecer distintas alternativas de comportamiento.
El Desarrollo psicofísico, el Ambiente y los Adultos que interactúan con el niño ejercen una gran influencia en el comportamiento infantil

miércoles, 11 de mayo de 2016

Adolescencia y psicoterapia

La pubertad y la adolescencia son etapas particulares en las cuales se viven desafíos y experiencias intensas. Es un tiempo de transición y de alternancia entre lo que fue y lo que será. En su tránsito se atraviesan “los avatares de los cambios corporales, de la reorganización edípica, de los procesos de separación- individuación, de restructuración identitaria…”[1], por ello se presenta como un momento de crisis vital y de posible vulnerabilidad.

En la clínica con adolescentes observamos entre los pacientes fenómenos de diversa complejidad: conductas de riesgo; consumo excesivo de alcohol y sustancias; la necesidad de realizarse marcas, tatuajes, perforaciones en diferentes lugares del cuerpo; trastornos alimentarios; cortes en la piel hasta provocar el sangrado. Estos son algunos de los sucesos que motivan la consulta por parte de la familia o la derivación de la escuela y que producen incertidumbre y preocupación, sobre todo cuando se tornan  conductas compulsivas y de autoagresión. Algunos jóvenes también solicitan por ellos mismos un espacio que los ayude a comprender por qué se ven impelidos a realizar esas acciones y buscan aliviar su padecimiento.

¿Qué nos insinúan sus acciones? Pueden tratarse de conductas pasajeras, propias de la crisis vital que se atraviesa, de los desprendimientos y perdidas que se duelan y del encuentro con lo novedoso, plagado de ansiedades e inquietudes. Pero en aquellos casos donde estas conductas se intensifican o no son aisladas, sino que se vuelven reiteradas e insistentes, pueden  dar cuenta de una mayor vulnerabilidad o de carencias en el modo de procesamiento psíquico. Es decir, en el modo de usar los recursos psíquicos y simbólicos frente a las tensiones vividas.
En general estos casos se dan en contextos de cierta disfuncionalidad en los vínculos entre padres e hijos. Observamos estilos de relación que se caracterizan por dos modalidades que parecen opuestas. Por un lado, modos de relación invasivas, sin respeto por la intimidad, la autonomía o la individuación de los adolescentes (proceso que debería acompañar el crecimiento desde muy temprano); y, por otro lado, pueden rastrearse vínculos con pautas de abandono y ausencia pero que cobran también un carácter excesivo para el desarrollo. Es decir, tanto por intrusión como por abandono, estas modalidades se traducen como excesivas para las posibilidades de procesamiento psíquico y simbólico. Las carencias resultantes se remontan en su origen a la relación primaria de la función materna, función de soporte ligada a la dependencia del recién nacido hacia un otro que le aporte alivio y satisfacción ante las necesidades vitales. Cuando dicha función es reiteradamente fallida genera cierto desamparo en el psiquismo, acotando su repertorio de posible elaboración y tramitación a la hora de ser requeridos. El vínculo primario es la base sobre la que se edifica la estructuración del psiquismo, bagaje con el cual se cuenta para atravesar el Edipo, por lo que resulta crucial para el desarrollo y posicionamiento subjetivo.

Una  paciente de 16 años admite que vomita por la sensación de culpa luego de haber “comido demás”, demuestra sentir rechazo por su imagen corporal que percibe con cierta distorsión ya que, a pesar de haber sido “rellenita”, no tiene sobrepeso. Como si ella fuera algo que se llena demás, culposa y compulsivamente, se vacía. Relata con dificultad reacciones que desconoce como propias, que vive como extrañas y hasta contradictorias: “ataques de nervios”, furias que la desbordan y que describe como “algo raro”, ya que no logra asociarlas con motivos que puedan generarlas. Escribe de modo irreversible a través de un tatuaje una frase que la alienta a ser fuerte. Recurre a cortes superficiales en la piel para calmarse, los oculta y los vive como acciones impulsivas en momentos de crisis. 
Estas manifestaciones de emergencia corporal son una recurrencia en cuanto a posibles fallas en la constitución narcisista durante el vínculo primario, que es facilitador de la función de sostén, contención, barrera antiestímulo, adecuada discriminación adentro/afuera del cuerpo, etc. Los cortes cuestionan esa diferenciación. ¿Qué hay dentro? ¿Cortarse para “dejar salir eso raro” o para experimentar esa discriminación sin metáforas? Por otro lado, ambos mecanismos (los cortes y el vómito), que no puedan considerarse síntomas propiamente dichos, aportan alivio ante una angustia masiva. Por esa misma característica de ser angustia automática y difusa (a diferencia de la señal de angustia) remiten a una instancia primitiva por la forma de derivar los impulsos, que apela a la descarga directa en el cuerpo sin tener posibilitada una adecuada tramitación mental y simbólica para la tensión en juego.

Dichas acciones, y las señaladas en varios casos con pacientes en la clínica actual, parecen ser  formas de experimentar la individuación y separación fallidas, modos de reconocer los límites y de apropiarse del cuerpo, de hacerse presentes y sentir su existencia, de hacer gráfico y visible el sufrimiento interno
En este sentido pensamos a estos pacientes, cuando los cuadros permanecen en una modalidad psíquica deficitaria, más cerca de los “trastornos narcisistas” que de las neurosis clásicas.
Decía que ambos mecanismos aportan alivio pero no satisfacción sustitutiva (por ello no son síntomas propiamente dichos en el sentido neurótico). Están más cerca de un procedimiento auto-calmante que de una solución de compromiso. El autor Claude Smadja plantea la doble función de los procedimientos auto-calmantes/ auto-excitantes  del Yo. En este sentido, el cortarse serviría también como visualización, como estímulo o excitación desde un masoquismo erógeno que hace sentir, reforzar, percibir adentro y afuera.
Estos mecanismos muestran que algo intenta ligarse o procesarse en lo pulsional, entre lo anímico y lo somático, en el límite, un malestar anímico que alivia su tensión en descarga somática.
“El término auto-calmante indica que el Yo es a la vez sujeto y objeto de estas técnicas que tienden a hacer volver la calma (…)  apelan a la motricidad y a la percepción. La utilización de estas medidas se hace siempre en un clima de urgencia, y están sometidas momentáneamente a una compulsión de repetición…”[2]. Esta descripción se ajusta casi perfectamente a lo que relata mi paciente. En un momento bisagra de su desarrollo, esta adolescente padece en la lucha por su intento de elaborar y trascender carencias primitivas para abrirse paso en el camino de su subjetivación.

Cuando se presentan este tipo de situaciones, más que prohibirlas o suprimirlas, habrá que abordarlas, escucharlas e interrogarlas y poder construir con el paciente un espacio de confianza para producir el texto ausente con las palabras que permitan entender lo que se transita y enriquecer su caudal simbólico.

Lic. Nora Spatola




[1] Texto: Anorexia- Bulimia ¿un cuerpo deshabitado? Lic. Calabuig, Lic. Campos y Lic. Muiño.
[2] Claude Samdja. A propósito de los procedimientos autocalmantes del Yo.