lunes, 28 de septiembre de 2020

A nueva etapa, nuevos modos

 -¿Estoy a tiempo de hacer cambios?- se pregunta una paciente mayor, consciente de su dificultad para ello. ¿Por qué no? El hecho de jubilarse y cesar obligaciones libera gran parte del tiempo disponible, ofrece una gran oportunidad de replantear el modo de vida; de revisar cómo se afrontan situaciones conflictivas, qué se prioriza, o a qué se quiere dedicar la atención y el interés. Estar en "la tercera edad", o retirarse del trabajo formal, no es sinónimo de convertirse en un ser pasivo. Es una etapa que invita a pensar hacia dónde enfocar o redirigir la actividad. Puede ser con calma, o hacia la calma, si se quiere, pero no implica cesar el deseo. De acuerdo a lo que se quiera realizar, habrá que adecuarse al momento, las posibilidades y limitaciones, incluso se podrá probar alguna actividad postergada o que genere curiosidad y no haya tenido lugar antes en la vida, sin imperativos más que las ganas de hacerlo.

En la coyuntura actual se dificulta llevar a cabo lo que se esperaba o proyectaba para el júbilo, se ha suspendido todo lo iniciado en los lugares de cita compartida o cancelado los planes de salidas y viajes. Las personas mayores que deben permaner aún más aisladas para evitar riesgos, lo sufren mucho, ya que el tiempo que transcurre cobra otro sentido al sentir que se pierde más de la cuenta. Ese tiempo disponible, libre de las viejas ataduras, hoy discurre adentro y con pasividad forzada. Mientras se transita la realidad actual una buena alternativa es valorizar tareas que despejen en lo cotidiano; es importante mantener la comunicación con los lazos afectivos y sociales, aún con el desafío de adaptarse a los medios tecnológicos, sin renunciar al encuentro directo.

El diálogo y la reflexión en el espacio terapéutico ofrecen también una oportunidad para aprovechar el tiempo, al reconocer la historia, resignificar el presente o renovar el pensamiento.

Lic. Nora Spatola 

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domingo, 30 de agosto de 2020

Colonización, conquista y pérdida

E. Hoper "Morning Sun"

En relación a los debates acerca de la salud mental en cuarentena, es preciso señalar que, como consecuencia de la pandemia y del aislamiento, surgen diversas reacciones psicológicas, algunas de las cuales pueden ser opuestas pero no necesariamente excluyentes entre sí. Admitir la erosión de la incertidumbre y los miedos que nos afectan desde el primer momento, la ansiedad, la angustia, el desgano, la indefinición. Todo ello no deja de suceder, aunque el resguardo prudente propicie momentos de calma, siempre que las condiciones materiales y psíquicas sean suficientes. En la pausa, se relajan algunas exigencias, se toma conciencia del tiempo colonizado por tantas ocupaciones que opacan prioridades. También se pierden actividades y espacios propios que nos desdibujan alterando las rutinas y los sueños. Aparecen hostilidades hacia el otro por amenaza de contagio. Los rituales de desinfección refuerzan y validan obsesiones, la realidad puede dar soporte a construcciones delirantes. El riesgo de enfermar y el conteo de víctimas son abrumadores; las despedidas, impedidas. La crudeza desnuda fragilidad. Las preocupaciones económicas afloran, la precariedad laboral queda en evidencia. En contraparte, se incorpora en la contingencia el recurso de lo virtual que amplía los límites físicos, aunque no alcanza a reemplazar la experiencia de la presencia corporal que se extraña. Se observan regresiones donde había logros del desarrollo, pero también surge plasticidad ante las circunstancias. Se siente el agobio a la vez que se descubre la creatividad ¿Contradicciones o convivencias? El punto es poder aceptar la complejidad, admitir que suceden contrastes en tiempos contiguos; extremos de una tensión que por momentos nos encuentra en uno y otro polo. Entonces, sería erróneo patologizar reacciones que pueden ser defensivas pero constituyen respuestas esperables en un contexto de crisis inédita. Y también sería erróneo negar que la situación sea invasiva y, como evento traumático, que pueda dejar secuelas duraderas en diferentes aspectos anímicos y psicosociales, además de producir duelos a elaborar. A diferencia de otras catástrofes, donde la cercanía es clave para la recuperación, en esta ocasión debemos permanecer distantes para reducir el riesgo. La paradoja es que ante un fenómeno colectivo, una parte importante de la prevención pasa por el aislamiento. Justamente, para los profesionales de la salud mental es un desafío el pensar con qué tendremos que trabajar como efecto de lo vivido, por la herida que producen la ausencia del lazo social y del encuentro que habitualmente fomentamos como saludables, carencias que las pantallas no pueden sustituir por tiempos tan prolongados. ¿Nos podríamos adaptar a lo distante en las relaciones? ¿Cómo se reconquistan los viejos hábitos? Por todo, será necesario trabajar en los espacios terapéuticos para recuperar la confianza y el deseo y poder retornar a la vitalidad de los grupos o a crear nuevos vínculos de sostén afectivo.
Lic. Nora Spatola

sábado, 23 de mayo de 2020

DE LAS CUARENTENAS

Imágen Luis Colucci, acrílico sobre cartón.
Quedó atrás aquel ímpetu por aprovechar el tiempo en casa, como ilusión de no perderlo o como desafío para transitarlo, de acuerdo a cómo nos acompañaran la disponibilidad de los espacios y el estado de ánimo.

Pasamos por diferentes sensaciones, desde el adentro forzado al afuera ahora temido en tanto riesgo difuso.
La  angustia se fue tornando en calma y costumbre; o tal vez en ansiedad o en abulia; y el encierro, en refugio y éste, en lejanía.
Cada cual lo vive, siente y transita desde su base que lo sostiene, con sus recursos e historia. Pero ahora aquí estamos todos. El mundo y cada uno y el mundo. Extraña soledad compartida.

Lo más difícil: la ausencia de encuentros reales; la falta de contacto corporal con las personas estrechas; el no saber hasta cuándo o el cómo nos reencontraremos... El temor de que eso tan deseado ahora signifique un peligro, de que parte de lo que somos quede atrapado en este limbo. 

Adentro, instalados en este adentro, paradójicamente, hay que hacerse del lugar propio, recortarlo, reservarlo, recrearlo y, si fuera posible, redescubrirlo para percibir ese sí mismo heterogéneo, y evitar perdernos en el estar continuo. ¿Cómo salimos?
Lo incierto en crudo ante nuestras fragilidades.

¿Cómo abrirse paso rasgando los velos que se vuelven densas cortinas? ¿Cómo resguardar los vínculos? ¿Cómo expresar amor? ¿Cómo calmar las ansias? ¿Cómo contener? ¿Cómo ser?
Lo que en parte nos forja está suspendido, lo que nos puede dar satisfacción, congelado.

Tal vez nos acompañe poder medir mejor cuánto. ¿Con cuánto alcanza? Poder sentir la tranquilidad suficiente, aún sin garantías, de que el cuidado cuide y que pueda cesar algo del abismo que acecha.
Al modo de la infancia que juega, poder hacer del monstruo un monigote que pierde su eficacia de pánico. 

Que la idea de excepcionalidad transitoria nos dé consuelo y confianza de poder volver a ser y hacer lo que nos enriquece y define.
Que podamos llorar, llorar, por lo cancelado, quizás no del todo perdido, o sí.

Que la libertad nos reconquiste, que la impulsividad venga a nuestro rescate, sin perder la vigilia. 
Que la ilusión le devuelva a la invisible capa protectora su poder omnipotente, cuando podemos sentir, en ese instante de inconciencia, la felicidad de la vida. 
Lic. Nora Spatola


domingo, 15 de marzo de 2020

Pandemia, reflexión desde una mirada psiconalítica


Dada la conmoción general en este momento de incertidumbre y preocupación ante la situación de la pandemia, es importante reflexionar al respecto y reforzar la concientización de los cuidados y medidas de prevención difundidas oficialmente para disminuir la propagación viral. Pero para ello también  es necesario evitar la desmesura que puede producir pánico o reacciones contraproducentes. 
El desconcierto que se vive (con aires de fantasmas apocalípticos) incrementa las tensiones y nos hace más permeables a la vivencia de angustia, las ansiedades o las obsesiones compulsivas. Es preciso comprender que, en esta ocasión, lo personal o lo particular queda excedido pero no por ello nos desreponsabiliza sino que, al contrario, nuestro modo de acción incide enormemente. Los eventos de similar magnitud ponen a prueba y desafían nuestras capacidades de afrontamiento.

El efecto de lo traumático

Desde el foco psicoanalítico, el temor excesivo, la idea de muerte que amenaza, el riesgo de lo real,  son la alarma que activa la sensación de indefensión y primitivos desamparos de la constitución psíquica. El trauma  excede a las capacidades de recursos subjetivos con los que cuenta cada bagaje psíquico hasta el momento.
Las situaciones de alta intensidad que nos vulneran se escapan a aquello que nos identifica en la singularidad de cada historia y la supera, nos deja inermes, tal como sucede en situaciones extremas como guerras, catástrofes naturales, accidentes graves,  violencias, dictaduras, epidemias, desastres que tienen efecto y consecuencia de arrasamiento material, físico, simbólico y psíquico, experiencias que requerirán de procesamiento psicológico para conseguir elaborar lo traumático.
Dicho esto, es claro que el atravesamiento o la transformación de la experiencia luego fortalece la persona y permite que se produzcan resiliencias vitales.

Hoy se solicita tomar distancia, evitar contacto corporal, suspender actividades sociales, aislarse, con lo que se incrementa la sensación de soledad y desamparo que afecta a diferentes trastornos psicológicos, limitando la contención afectiva que habitualmente promovemos como factor esencial para la salud mental.
Ante este escenario, bien vale el recurso de usar la tecnología para mantenernos comunicados y acompañarnos; desempolvar libros o músicas; redescubrir intereses de lo propio. También se abre la oportunidad de pensar/se y hacer un registro consciente del cuidado preventivo.

El fenómeno que nos invade desorganiza nuestras pautas de vida cotidiana, nos desestabiliza y vulnera, por lo cual se requerirá de la cohesión colectiva junto a  las decisiones razonables que nos amparen ante lo que irrumpe masivamente.

La alarma, al ser global, nos vuelve parte y testigos de un fenómeno inédito, extraño pero compartido social y mundialmente, lo que puede brindar consuelo a la espera de una solución. Para que, más temprano que tarde, el Coronavirus pase a ser una anécdota curiosa y se recuperen la libre circulación, la aventura de viajar, el disfrute de la cultura y la riqueza de los encuentros.

Lic Nora Spatola
Asociación Civil La Causa