domingo, 15 de marzo de 2020

Pandemia, reflexión desde una mirada psiconalítica

Imágen Luis Colucci, Obelisco 3, acrílico sobre cartón.
Dada la conmoción general en este momento de incertidumbre y preocupación ante la situación de la pandemia, es importante reflexionar al respecto y reforzar la concientización de los cuidados y medidas de prevención difundidas oficialmente para disminuir la propagación viral. Pero para ello también  es necesario evitar la desmesura que puede producir pánico o reacciones contraproducentes. 
El desconcierto que se vive (con aires de fantasmas apocalípticos) incrementa las tensiones y nos hace más permeables a la vivencia de angustia, las ansiedades o las obsesiones compulsivas. Es preciso comprender que, en esta ocasión, lo personal o lo particular queda excedido pero no por ello nos desreponsabiliza sino que, al contrario, nuestro modo de acción incide enormemente. Los eventos de similar magnitud ponen a prueba y desafían nuestras capacidades de afrontamiento.

El efecto de lo traumático

Desde el foco psicoanalítico, el temor excesivo, la idea de muerte que amenaza, el riesgo de lo real,  son la alarma que activa la sensación de indefensión y primitivos desamparos de la constitución psíquica. El trauma  excede a las capacidades de recursos subjetivos con los que cuenta cada bagaje psíquico hasta el momento.
Las situaciones de alta intensidad que nos vulneran se escapan a aquello que nos identifica en la singularidad de cada historia y la supera, nos deja inermes, tal como sucede en situaciones extremas como guerras, catástrofes naturales, accidentes graves,  violencias, dictaduras, epidemias, desastres que tienen efecto y consecuencia de arrasamiento material, físico, simbólico y psíquico, experiencias que requerirán de procesamiento psicológico para conseguir elaborar lo traumático.
Dicho esto, es claro que el atravesamiento o la transformación de la experiencia luego fortalece la persona y permite que se produzcan resiliencias vitales.

Hoy se solicita tomar distancia, evitar contacto corporal, suspender actividades sociales, aislarse, con lo que se incrementa la sensación de soledad y desamparo que afecta a diferentes trastornos psicológicos, limitando la contención afectiva que habitualmente promovemos como factor esencial para la salud mental.
Ante este escenario, bien vale el recurso de usar la tecnología para mantenernos comunicados y acompañarnos; desempolvar libros o músicas; redescubrir intereses de lo propio. También se abre la oportunidad de pensar/se y hacer un registro consciente del cuidado preventivo.

El fenómeno que nos invade desorganiza nuestras pautas de vida cotidiana, nos desestabiliza y vulnera, por lo cual se requerirá de la cohesión colectiva junto a  las decisiones razonables que nos amparen ante lo que irrumpe masivamente.

La alarma, al ser global, nos vuelve parte y testigos de un fenómeno inédito, extraño pero compartido social y mundialmente, lo que puede brindar consuelo a la espera de una solución. Para que, más temprano que tarde, el Coronavirus pase a ser una anécdota curiosa y se recuperen la libre circulación, la aventura de viajar, el disfrute de la cultura y la riqueza de los encuentros.

Lic Nora Spatola
Asociación Civil La Causa

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