viernes, 23 de julio de 2021

EMPUJE (o un modo de reconocer la pulsión)


Foto: Parque Patricios, junio 2021. Nora Spatola

La raíz emerge con su determinación natural. Ante ello, las capas que recubren resultan ser corazas con fecha de vencimiento, como cuando algo insiste y es más fuerte que el Yo.

La pulsión es el empuje que provoca al psiquismo, en el límite de dos territorios, entre lo anímico y lo somático, entre lo psíquico y lo orgánico ¿cuerpo tal vez? Su fuerza se presenta pujando por la descarga de tensión y así se satisface. O irrumpe a causa de un deseo que trasciende.
En el circuito pulsional, los atajos favorecen lo regresivo, lo inmediato, lo conocido; mientras que por el camino largo merma la intensidad y se habilitan novedades.

¿Es posible reconstruir desde los cimientos nuevas estructuras, caminos posibles que permitan otra fluidez, sin acumular tensiones?
Por allí se debate el trabajo del psicoanálisis.

Lic. Nora Spatola

#psicoanalisis #psicoterapia #atencionpsicologica #online

jueves, 6 de mayo de 2021

Psicoanálisis ¿cómo trabajamos en la terapia?

Fundado por Freud a partir de su investigación clínica, ha sabido interpelar al individuo en sus aristas más complejas.
Es un método terapéutico para tratar padecimientos generados por conflictos de diverso origen (actuales e históricos, traumáticos o asociados a crisis vitales) que irrumpen alterando el equilibrio emocional. La persona decide consultar cuando no logra por sí sola aliviar las tensiones o porque se excede su capacidad de respuesta ante el sufrimiento. Realiza la demanda con la inquietud necesaria para abordar su problema, llega buscando alguna solución que le reintegre el estado de situación previa al displacer o acude con la intención de modificar su actitud al respecto.
La terapia se caracteriza por “hacer hablar” en lugar de silenciar o anestesiar los síntomas. La experiencia analítica se desarrolla a través del despliegue del pensamiento y la palabra, que son los medios para facilitar su trabajo. Utiliza como herramienta fundamental la interpretación a partir del interrogante que se abre en el encuentro entre profesional y paciente.
Con la consigna de adentrarse en la asociación libre, se habilita que la persona pueda desplegar su malestar. El analista escucha, ofrece su atención, indaga, señala, interpreta y reconstruye lo necesario con el fin de ligar lo desligado, de procesar la complejidad del psiquismo, para llegar a develar la causa inconsciente, negada, inadmisible y, por ello, reprimida (cuando no escindida) del conflicto que origina los síntomas.
También nos encontramos con situaciones que no son estrictos síntomas neuróticos: fenómenos psicosomáticos, trastornos, compulsiones, actuaciones, autolesiones, entre otras conductas, que dan cuenta de modos diferentes, más o menos patológicos, de intentar tramitar el dolor de acuerdo a cada biografía. Son muestras literales del padecer, en lugar de soluciones enigmáticas, pero aún así son permeables al tratamiento psicoanalítico.
Con el espacio propicio asumimos, entonces, la tarea de elaborar lo traumático y resignificar la historia; aspirando a que la persona pueda aliviar su malestar, entender qué le pasa y hacer lo propio para transformar o adecuar a su realidad.

Lic. Nora Spatola

viernes, 9 de abril de 2021

Familia y desarrollo personal


Más allá del modelo de que se trate, o de sus definiciones de acuerdo a la época, la familia es el ámbito deseable para el crecimiento de una persona. Sin bien no puede ofrecer una garantía de bienestar, brinda un lugar de pertenencia y referencia que rige la historia de la persona.

La particularidad del ser humano es su indefensión al nacer, por lo cual su desarrollo saludable precisa del sostén físico, psíquico y afectivo que otra persona pueda brindar.

Somos seres de relación, dependientes de amor y de presencia, pero el poder arribar a la constitución del Yo y la independencia subjetiva es una conquista que se logra a condición de trascender su procedencia.

En el curso de cada biografía inciden las variables de experiencias y situaciones, influyen los mandatos familiares, las determinaciones inconscientes, las identificaciones o las particularidades, las cargas transgeneracionales y los avatares u oportunidades que el contexto provea, pero siempre queda espacio para el azar y la originalidad.

La crianza comprende la creación, fruto del juego de la necesidad, la tensión y la satisfacción entre demanda y respuesta. Las posteriores relaciones familiares suelen portar los ecos de cómo fueron las vicisitudes en su comienzo, pero con la posibilidad de producir novedades de acuerdo a la realidad y a las características de cada persona.

Al ejercer la función de cuidado, desde cada rol o vínculo diferente, no falta ocasión para que nos preguntemos si lo estamos haciendo bien, o qué consecuencias pueden tener nuestras acciones u omisiones. Se puede recurrir a la idea del ambiente facilitador que destacó Donald Winnicott, que se refiere a la importancia de que la calidad del ambiente en la crianza sea lo suficientemente buena como para propiciar el proceso de la maduración. Dicha facilitación sucede a través de una suerte de adaptación y acomodación entre el infante y su madre, padre y quienes atienden y alivian tensiones vitales. Se requiere la disponibilidad de quienes acompañan el desarrollo, admitiendo que ello no surge de modo absoluto ni libre de contradicciones.

Es una trama inabarcable, por lo cual será importante atender a las inquietudes y particularidades que presenta una familia, y cada persona, en el espacio de consulta psicológica, para brindarle la orientación y abordaje acordes a su problemática.

Lic. Nora Spatola

viernes, 26 de marzo de 2021

QUIÉNES SOMOS





La Asociación Civil La Causa es el espacio donde, desde 2002, se brinda atención psicológica, psicopedagógica y se realizan actividades abiertas a la comunidad en temas de arte y salud mental. Es el espacio de trabajo independiente y compartido entre colegas donde hemos podido desarrollarnos profesionalmente y llevar a cabo proyectos de promoción de salud e interés cultural.

A finales de 2020, como consecuencia de la pandemia, La Causa debió cerrar su sede del barrio de Flores, pero continuamos con la atención virtual, trabajando en equipo y planificando la apertura de nuevos consultorios.

Hoy redefinimos nuestro funcionamiento con la denominación La Causa, espacio psi, equipo de atención psicológica. Desde aquí sostenemos la misma intención de fomentar un espacio de búsqueda y encuentro, un espacio terapéutico adecuado para que cada persona encuentre lo propio y pueda enriquecer sus vínculos y habilitar lo que requiere y desea para su vida. 

Brindamos atención inmediata con aranceles accesibles. Seguimos recibiendo sus consultas por redes sociales y al correo lacausaenflores@gmail.com

Somos: @licsolcieriello @lic.gerardorusivic @lic.noraspatola y @lic.lucianatoffanin

martes, 19 de enero de 2021

"Situación de público conocimiento"

Foto: En casa, inicios de 2021, Nora Spatola

Al cabo de varios meses somos capaces de aislarnos, sanitizarnos, aceptar nuevas reglas al salir de casa. ¿Con qué facilidad o con cuánto esfuerzo nos adaptamos? Acostumbrándonos, avizoramos la flexibilización ansiada y, cuando parece que nos libramos de la excepción, no, hay que volver atrás con las restricciones. Calor, carencia o cansancio mediante, ahora parece ser más difícil sostener las medidas de prevención al modo de la rigidez inicial.

¿Cómo apropiarnos del límite como modo de cuidado? ¿Cómo solventarlo sin descuido de otros aspectos socioafectivos saludables? ¿Cómo se atraviesa una crisis tan inconmensurable? Lo social, lo económico, lo laboral, lo afectivo, la salud, siguen en un paréntesis incierto.
Ya no se habla tanto de los efectos psicológicos en la pandemia, pero los condicionamientos no dejan de erosionar las voluntades.
Es admirable que en este contexto social mundial alguien tenga muchas ganas de algo, más aún si su acción o proyecto contribuye al bienestar de otras personas. Nos hace falta pensar, decidir, dar lugar, retornar, crear.
Ansiamos recuperar la libertad plena para poder hacer, viajar, abrazar… La resistencia a seguir resignando lo deseado se presenta potente, hacia adentro o hacia afuera, ¿cómo darle curso? Aunque tal vez sea un deseo idealizado ya que, durante este tiempo, mucha de la fuerza del deseo está maltrecha, conmovida por tanto que nos rodea. Su falta nos afecta en lo anímico, sobre todo si se han deteriorado considerablemente los ordenadores cotidianos, las relaciones de sostén, las curvas de ansiedad.
Hay necesidades subjetivas de reafirmar o reinventar (¿...qué cosa?), pero el reservorio energético carece de combustible. Se necesitan dadores de plasma.
El horizonte se ve difuso. Parafraseando y reafirmando al maestro Sigmund, recientemente citado por un colega, “No existe ningún punto de partida si no se sabe bien a dónde ir”, más allá de la puja inconsciente que marea ese saber, ¿se puede proyectar o pensar a dónde ir andando sobre cuerdas flojas? Hoy resulta clave mirar el punto de partida, buscar el equilibrio desde donde nos posicionamos en este devenir. Y volver a admitir que no somos amos en nuestra propia casa.

Lic. Nora Spatola

lunes, 28 de septiembre de 2020

A nueva etapa, nuevos modos

Foto: Roma 2014, Nora Spatola.
Foto: Roma 2014, Nora Spatola.

 -¿Estoy a tiempo de hacer cambios?- se pregunta una paciente mayor, consciente de su dificultad para ello. ¿Por qué no? El hecho de jubilarse y cesar obligaciones libera gran parte del tiempo disponible, ofrece una gran oportunidad de replantear el modo de vida; de revisar cómo se afrontan situaciones conflictivas, qué se prioriza, o a qué se quiere dedicar la atención y el interés. Estar en "la tercera edad", o retirarse del trabajo formal, no es sinónimo de convertirse en un ser pasivo. Es una etapa que invita a pensar hacia dónde enfocar o redirigir la actividad. Puede ser con calma, o hacia la calma, si se quiere, pero no implica cesar el deseo. De acuerdo a lo que se quiera realizar, habrá que adecuarse al momento, las posibilidades y limitaciones, incluso se podrá probar alguna actividad postergada o que genere curiosidad y no haya tenido lugar antes en la vida, sin imperativos más que las ganas de hacerlo.

En la coyuntura actual se dificulta llevar a cabo lo que se esperaba o proyectaba para el júbilo, se ha suspendido todo lo iniciado en los lugares de cita compartida o cancelado los planes de salidas y viajes. Las personas mayores que deben permaner aún más aisladas para evitar riesgos, lo sufren mucho, ya que el tiempo que transcurre cobra otro sentido al sentir que se pierde más de la cuenta. Ese tiempo disponible, libre de las viejas ataduras, hoy discurre adentro y con pasividad forzada. Mientras se transita la realidad actual una buena alternativa es valorizar tareas que despejen en lo cotidiano; es importante mantener la comunicación con los lazos afectivos y sociales, aún con el desafío de adaptarse a los medios tecnológicos, sin renunciar al encuentro directo.

El diálogo y la reflexión en el espacio terapéutico ofrecen también una oportunidad para aprovechar el tiempo, al reconocer la historia, resignificar el presente o renovar el pensamiento.

Lic. Nora Spatola 

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domingo, 30 de agosto de 2020

Colonización, conquista y pérdida

Pintura de E. Hoper "Morning Sun"

En relación a los debates acerca de la salud mental en cuarentena, es preciso señalar que, como consecuencia de la pandemia y del aislamiento, surgen diversas reacciones psicológicas, algunas de las cuales pueden ser opuestas pero no necesariamente excluyentes entre sí. 
Admitir la erosión de la incertidumbre y los miedos que nos afectan desde el primer momento, la ansiedad, la angustia, el desgano, la indefinición. Todo ello no deja de suceder, aunque el resguardo prudente propicie momentos de calma, siempre que las condiciones materiales y psíquicas sean suficientes. En la pausa, se relajan algunas exigencias, se toma conciencia del tiempo colonizado por tantas ocupaciones que opacan prioridades. También se pierden actividades y espacios propios que nos desdibujan alterando las rutinas y los sueños. Aparecen hostilidades hacia el otro por amenaza de contagio. Los rituales de desinfección refuerzan y validan obsesiones, la realidad puede dar soporte a construcciones delirantes. El riesgo de enfermar y el conteo de víctimas son abrumadores; las despedidas, impedidas. La crudeza desnuda fragilidad. Las preocupaciones económicas afloran, la precariedad laboral queda en evidencia. 
En contraparte, se incorpora en la contingencia el recurso de lo virtual que amplía los límites físicos, aunque no alcanza a reemplazar la experiencia de la presencia corporal que se extraña. Se observan regresiones donde había logros del desarrollo, pero también surge plasticidad ante las circunstancias. Se siente el agobio a la vez que se descubre la creatividad ¿Contradicciones o convivencias? El punto es poder aceptar la complejidad, admitir que suceden contrastes en tiempos contiguos; extremos de una tensión que por momentos nos encuentra en uno y otro polo. Entonces, sería erróneo patologizar reacciones que pueden ser defensivas pero constituyen respuestas esperables en un contexto de crisis inédita. Y también sería erróneo negar que la situación sea invasiva y, como evento traumático, que pueda dejar secuelas duraderas en diferentes aspectos anímicos y psicosociales, además de producir duelos a elaborar. 
A diferencia de otras catástrofes, donde la cercanía es clave para la recuperación, en esta ocasión debemos permanecer distantes para reducir el riesgo. La paradoja es que ante un fenómeno colectivo, una parte importante de la prevención pasa por el aislamiento. Justamente, para los profesionales de la salud mental es un desafío el pensar con qué tendremos que trabajar como efecto de lo vivido, por la herida que producen la ausencia del lazo social y del encuentro que habitualmente fomentamos como saludables, carencias que las pantallas no pueden sustituir por tiempos tan prolongados. ¿Nos podríamos adaptar a lo distante en las relaciones? ¿Cómo se reconquistan los viejos hábitos? Por todo, será necesario trabajar en los espacios terapéuticos para recuperar la confianza y el deseo y poder retornar a la vitalidad de los grupos o a crear nuevos vínculos de sostén afectivo.

Lic. Nora Spatola